La mañana es gélida, soy el único que camina lento, todos se ven apresurados, son las 6:27 de la mañana, varios hombros chocan contra mi, parece que es pecado caminar lento a esta hora, y sobre todo es sacrilegio ser educado.
Un "por favor" y mi boca expulsa vaho a pesar de estar en el subterráneo, la taquillera milagrosamente es bonita y no es mal humorada, veo sus blancas manos mientras recibe mis monedas, expulso un "gracias" y ella sonríe, al parecer mi amabilidad hace mas lenta la espera de boletos, noto la molestia del tipo de atrás, cara de burócrata amargado que vive feliz al fregarle la vida a la gente.
Tengo mi pase a lo anhelado, el torniquete me da la bienvenida, el único educado en este putrefacto universo, camino despacio pero decidido, solo quiero burlarme de la gente con prisa que vive para ganar una miseria, un escupitajo tiene mas valor que su salario, pero Asi es la realidad de mi nación.
Llego al andén, infestado de gente como si fueran judíos esperando el tren que los llevara a los campos de exterminio, pensar en fatalidades siempre me ha arrancado sonrisas, imagino un tren lleno de gente que explota y todos mueren, control natal alguna vez le dije a un viejo amigo.
A pesar de la multitud el silencio gobierna, gente desesperada viendo agonizante el reloj, otros con audífonos tratando de huir de la realidad momentáneamente, esa era mi antigua salida pero ni así puedo sobrevivir. el tipo de la fila esta a 12 pasos de mi, impaciente, enojado mirando despectivamente a la mujer indígena que va cargando un niño mientras otra niña la toma del vestido, sólo piden una moneda pero aquel hombre solo dice -sáquense a su pinche rancho.
Logra sentir mi mirada de furia ante su fechoría, alza la cabeza como queriendo decir "¿qué me ves?" quisiera arrojarlo al andén pero lo mio es mas importante.
Un ruido ensordecedor, la señal de que el tren se aproxima con la esperanza de que todos llegaran a tiempo, pero falsa alarma, es el tren del andén contrario la furia se apodera de muchos, los dedos golpean portafolios, las corbatas comienzan a incomodar, los ojos solo observan el reloj y los pies se vuelven la única forma de escupir la desesperación, yo no tengo prisa, no hay reloj a donde voy.
Me río y parece que al burócrata eso no le causa gracia, lo miro despectivamente, como cuando uno esta a punto de tomar venganza.
venganza, creo que la vida se ha vengado de mi, la miseria que me cubre es inmisericorde, mi cartera esta llena, aun así mi vida es una calamidad, es una mierda sin dudar, llamo a la niña que toma el vestido de la mujer indígena y le doy mi cartera, ella corre con su madre, yo esbozando una sonrisa escucho su agradecimiento mientras se van.
El tren se escucha, puedo sentir el aire llegar al anden como un furioso rugir, siento una mirada es una chica que me ve como si supiera mi cometido, le doy la espalda, anhelaría que me tomara del brazo y me salvara, pero ya es demasiado tarde, no resisto tanta miseria ni decadencia, veo con maldad al burócrata y grito, -llegaras tarde pendejo, me lanzo al vacío para dejar de respirar, el día de muchos sera muy largo, me voy feliz haciendo a ese tipo infeliz.
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